Vallecas el barrio de las mujeres

En este período de confinamiento he echado de menos muchas cosas, pero había una que recordaba todas las mañanas cuando me asomaba para escuchar el silencio de la calle: echaba de menos el sonido de las mujeres de Vallecas caminando temprano. Trabajo en el Distrito de Puente de Vallecas desde hace varios años, antes he sido residente y vecina y me he dejado retales de vida por muchos de sus espacios. Ahora, trabajo en la Asociación Provivienda, que tiene una de sus oficinas en el distrito y una trayectoria larga en el Barrio. Desde que soy madre especialmente, madrugo mucho más y duermo poco y, cuando llego al Barrio por las mañanas, me encuentro con otras tantas mujeres como yo llenando las calles desde bien temprano. No llegamos a ser como “la ciudad que nunca duerme” pero sí que debemos ser de los barrios que más madrugan.

Desde nuestra oficina de Vallecas trabajamos con personas en riesgo de exclusión socioresidencial, esto incluye a cualquier persona residente en el distrito que se encuentre inmersa en una situación de posible pérdida de vivienda o que resida en una casa con unas condiciones inadecuadas, pero los datos son abrumadores, entre el 75% y el 80% de las personas que acuden a hablar con nosotras son mujeres así que nuestra oficina está adaptada a las personas con las que trabajamos por lo que solemos tener en el baño pañales que traen las compañeras, al igual que juguetes en algunas de las salas para que las/os niñas/os pueden estar jugando mientras hablamos con sus madres, porque las cargas que llevan algunas mujeres del barrio pesan mucho y se rompen cuando encuentran con quién desahogarse. Los datos que manejamos mensualmente y se llevan replicando desde hace años en el distrito, nos muestran que entre un 40% y un 50% de las demandas que recibimos provienen de familias monoparentales, es decir, de mujeres solas con menores a cargo, la siguiente tipología familiar más habitual es la de familias nucleares en la que figuran al menos dos personas adultas de referencia, pero cómo indicaba, la  demanda de asesoramiento es un 80% de mujeres por lo cual son ellas las que suelen coger las riendas y tratan de buscar alternativas a situaciones que abrumarían a cualquiera.

Esta realidad que vemos en el Distrito se refleja también en las cifras: según nuestro informe “Cuando la casa nos enferma II”, las mujeres están sobrerrepresentadas en la soledad, la falta de redes de apoyo y la percepción de que el estado de salud física y estado emocional han limitado sus actividades sociales. La soledad no deseada en personas mayores también tiene rostro de mujer y, como decíamos antes, las familias monomarentales son especialmente vulnerables. En concreto, el 25,7% de las familias monomarentales beneficiarias de programas de Provivienda manifiesta que sus viviendas están en muy mal estado o mal estado. A esto se suma la falta de recursos y situaciones como la pobreza energética: un tercio de los hogares monomarentales no pueden mantener la vivienda a una temperatura adecuada en invierno. Son situaciones y cargas que acaban por afectar a estas mujeres valientes: la monomarentalidad presenta una mayor incidencia de malestares psicológicos como alteraciones del sueño, sentimiento de agobio, incapacidad de disfrutar de las actividades normales de cada día, etc.

Este peso invisible que cargan muchas de las mujeres de Vallecas es inmenso, pero eso también deja una impronta en el funcionamiento del colectivo: la responsabilidad del cuidado y mantenimiento de la vivienda corresponde en gran parte a las mujeres (al igual que otras tantas tareas de cuidado y actividades cotidianas) y esto ha generado una red muy singular que define mucho al barrio; en el que las responsabilidades se convierten en compromisos y las obligaciones en cometidos. Cuando la crisis del 2008 azotó con fuerza la zona  sur de Madrid, con unos datos de paro alarmantes y se comenzaron a acuñar conceptos como el de “trabajadoras y trabajadores pobres”, al mismo tiempo las mujeres se reorganizaban, pero no sólo para cuidarse ellas y a los suyos sino para cuidar al entorno, al barrio. Así conocí a “P.” una vecina muy mayor de “toda la vida de Vallecas” que llegó un día acompañada de un hombre joven nigeriano, “J”.  “P.” quiso venir con él para ayudarle a explicarnos las condiciones en las que tenía su vivienda y la falta de compromiso de la propiedad con él. Ella, una mujer mayor, se presentaba como aval de buena vecindad de “J.” indicándonos que era una de las mejores personas que había conocido y que no era justo que le estuviesen obligando a irse, los dos me invitaron a ver su vivienda y recuerdo aquella visita como muy especial: ninguno de los dos tenían apenas ingresos después de pagar el alquiler, como la visita era casi a la hora de comer “J.” había cortado una manzana en trocitos muy pequeños y la había dispuesto en tres platos encima de la mesa, “P.” bajó con unas patatas fritas y una ensalada…así entre los tres, mientras comíamos, hablamos del barrio y de muchas cosas.

También estaba “S.” madre sola de tres niños, uno de ellos con discapacidad. Mientras tratábamos de negociar para evitar su desahucio, me llamaba  todos los días para ver si podíamos conseguir -al menos- que tuvieran que irse de su casa después de las Navidades, porque no quería que los niños asociaran una época tan bonita a algo tan feo. Siempre me decía: “que esas cosas te marcan la vida”; a pesar de todo, se hacía cargo de sus tres hijos y de los de la vecina (que trabajaba mucho y no podía cuidarlos). Hay muchas historias como estas: ellas solas van tejiendo una red que consigue que, en una época de individualidades, existan lugares especiales en los que prima el colectivo, porque cuando creces entendiendo el mundo así, se reproduce la cadena. Un ejemplo claro son mis compañeras de trabajo en Vallecas, casi la mitad somos de Vallecas, esto es algo habitual entre las profesionales del Distrito: muchas profesionales se quedan en el barrio, haciendo lo que han visto hacer siempre. Al final, entiendo que -de alguna manera- una vez que entras en la red sigues tejiendo poquito a poco, para evitar que se caiga nadie, y así siempre sabemos que podemos sujetarnos entre todas.

24/08/2020
Autora: Pilar Sánchez Rodriguez
Reseña: Coordinación de Programas de la Asociación Provivienda.

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